EL NOMBRE DE DIOS
Sigue siendo extraño que tanta gente no se dé cuenta del nombre de Dios cuando lo llaman a ÉL. En el tercer capítulo del Éxodo (Éxodo 3:14) Dios le da su nombre a Moisés. ÉL dijo: “YO SOY EL QUE SOY, ESTE ES MI NOMBRE PARA SIEMPRE, CON ÉL SE ME RECORDARÁ POR TODOS LOS SIGLOS”.

¿No es extraño que en todas las iglesias hayan fracasado en recalcar ese nombre? Demos un paso atrás al lejano pasado. Cuando Jesús el Cristo ministraba hace dos mil años, ¿qué nombre le dio Él a Dios?
Antes que Abraham fuera “YO SOY”, hizo que la gente comprendiera que Dios era antes que Abraham. Naturalmente, Dios era antes que cualquier hombre.
Más aun, en todas sus afirmaciones positivas, Él dijo “YO SOY”. Por ejemplo, “YO SOY” LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”, también “YO SOY” la Luz que ilumina el camino de todo hombre que viene al mundo”. Ciertamente, si el nombre de Dios es “YO SOY” como Él lo dijo, entonces se entiende de manera natural que Dios es la Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo. Esto es especialmente cierto cuando recordarnos que “Mi Dios es un Fuego Consumidor”.

Este es un Fuego Purificador. Pero es bueno recordar que la Zarza no se consumió (cuando Moisés

vio la Zarza ardiendo). Así, cuando Jesús nos recordaba continuamente que el Padre –“EL YO SOY”– era Vida al igual que todo lo que ÉL entraña, nos estaba diciendo que Dios era el Poder, el Reino y la Gloria.
Sí, mi estimada gente, Él señalaba hacia su propia fuente de Poder (de nosotros), por lo tanto hagamos lo mismo, llamemos a nuestra Presencia de Dios, la Poderosa Presencia “YO SOY”, a que haga las obras.

La Gran Jerarquía ha solicitado que esta información sea dada una vez más. La humanidad ha sufrido largamente caminando en su miseria porque ha olvidado su derecho de nacimiento. Ahora, otra vez viene el gran privilegio que el hombre puede recibir: el conocimiento de sus poderes ocultos.
¿No dijo Jesús, “Vosotros sois Dioses”? Él no preguntó ¡Él afirmó! Así que aceptemos nuestro Derecho Divino y actuemos. No vaciles diciéndote a ti mismo que no estás seguro si se refería a ti –aquel que vacila está perdido–. Levántate, toma tu cetro y reclama lo que legítimamente es tuyo. Cuando lo hagas tendrás ayuda invisible, ayuda que “vosotros no conocéis aún”.

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