Jesús tenía una gran visión profética; previó la actual Era de Acuario y la mencionó, indirectamente, cuando sus discípulos estaban en la preparación para la última Pascua, que llegó a ser la Ultima Cena. Les dijo que siguieran al hombre con un cántaro de agua, el jardinero, lo cual es símbolo de esta era. Jesús sabía de antemano sobre lo que tendría lugar en la crucifixión aunque no en detalles; esta resultó ser más difícil de lo que el esperaba, y llamó a Pedro, Jacobo, y Juan para ayudarlo; él no era infalible. Y entonces pensó que el fin de la materia y la limitación vendría mucho más pronto de lo que era en tal caso; pero a pesar de esos aparentes defectos, él era un gran ser que había venido a la tierra.

Jesús vino a enseñar la compasión y el amor de los unos para los otros. El nunca desaprovechó un momento en la triste especulación metafísica, la clase de cosas que ha hecho tanto daño a la India y a otras partes de Asia, la clase de cosas por las que se desperdició mucho tiempo en la Edad Media cuando las mentes serias de la época, discutían acerca de cuantos ángeles podrían estar de pie en la punta de una aguja. Jesús enseñó la metafísica más alta y la más alta espiritualidad, y su piedra angular era la compasión y el amor; Jesús dijo: “Por esto los hombres sabrán que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”. Cuando alguien vino ante él y dijo: “Señor te amamos”, el sonrió y replicó: “Si vosotros me amáis, sostened mis mandamientos”. Si sostenemos sus mandamientos, eso es si seguimos su enseñanza y vivimos una vida acorde a ella, entonces somos sus discípulos. Si nos amamos los unos a los otros en pensamiento, palabra y acción, entonces estamos en nuestro camino hacia el pesebre y la Estrella de Oriente va delante para mostrarnos el camino.

 Lo que Jesus pensaba de la Navidad– Emmet Fox -Editrice Italica

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